Las 13 Rosas. Que Sus Muertes No Se Borren de la Historia

La Santa Inquisición las hubiera llamado «Las Trece Bruja, y hubieran sido quemadas en una hoguera. En la Dictadura Franquista, se las conoce como «Las Trece Rosas» y fueron fusiladas contra un paredón.  Distintos métodos, pero el odio hacia la mujer rebelde es el mismo. Rebelde por educada, por informada, por expresiva. La educación las hizo libres, y prefirieron morir de pie, que vivir siempre arrodilladas. Se trata sin duda de uno de los episodios más crueles del régimen de Franco y una muestra perfecta de la involución social, laboral y política que la Dictadura ejerció en España.

Las Trece Rosas fueron fusiladas  en Madrid, el 5 de Agosto de 1939. Se trataba de un grupo de mujeres jóvenes, de las que siete eran menores de 21 años, límite en el que por entonces estaba fijada la mayoría de edad.

Tras la victoria del bando franquista en la Guerra Civil y la desbandada de los cuadros del bando republicano, 13 jóvenes madrileñas -pertenecientes al Partido Comunista de España (PCE), unas, y a las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) otras- fueron recluidas en la cárcel de Las Ventas, junto a otros militantes de sus formaciones políticas.

El asesinato de un comandante de la Guardia Civil y su hija el 29 de julio de 1939 en Talavera de la Reina desencadenó la toma de represalias por parte de las nuevas autoridades, que sacaron de la cárcel a 56 jóvenes militantes del PCE y las JSU, 43 de ellos varones y las denominadas «Trece Rosas». El 3 de agosto, un tribunal militar les condenó a muerte por «adhesión a la rebelión», por tratar de recomponer el PCE y las JSU y por atentar contra el «orden social y jurídico de la nueva España», y en la madrugada del 4 al 5 de agosto todos ellos fueron fusilados junto a la tapia del cementerio de La Almudena. El Consejo de guerra, celebrado escasamente 48 horas antes, los condenó a la pena máxima por rebelión militar; no tuvieron tiempo de solicitar clemencia (inimaginable entonces la revisión de la sentencia).

Ángeles García Madrid, una de las compañeras de celda de una de las ‘Trece Rosas’, ha relatado las últimas horas de las jóvenes, en las que, todo el mundo, salvo ellas, sabían que iban a morir.

Así, ha recordado la última conversación de Virtudes y Julia, dos de las jóvenes asesinadas, en la que la primera le preguntaba a la segunda si pensaba que las iban a matar y ésta le contestó: «No nos van a matar, ¿tú eres tonta?» «Tenían la muerte en la cara», ha comentado García, quien a continuación ha narrado que oyeron cómo una de las jóvenes, al subir a la camioneta que les condujo a la muerte, entonó el himno de la Joven Guardia, que fue seguido por las demás hasta su llegada a la tapia del cementerio en la que fueron ejecutadas.

Literatura

Aunque ya en 1985 el suceso fue investigado por el periodista Jacobo García, fue el escritor Jesús Ferrero quien al novelarlo en su libro Las trece rosas (Siruela, 2003, ISBN 84-7844-676-1) volvió a despertar el interés en su memoria. Un año después, en 2004, los realizadores Verónica Vigil y José María Almela dirigieron un documental sobre los sucesos,Que mi nombre no se borre de la historia, cuyo título es la última frase de una de las condenadas en una carta dirigida a sus familiares. En ese mismo año apareció el libro Trece rosas rojas (no ficción), del periodista Carlos Fonseca (Temas de Hoy, 2004, ISBN 84-8460-361-X), en el que se documentan los sucesos relativos a los intentos de reorganización de las JSU y la captura, encarcelamiento y ejecución de las Trece Rosas. Durante 2006, la periodista y escritora Ángeles López, publicó Martina, la rosa número trece (ISBN 84-322-9672-4), centrada en la historia de Martina Barroso, una de las «rosas», y a medio camino entre la novela y el rigor histórico.

En enero de 2004 Julián Fernández del Pozo escribió el poema titulado Trece Rosas en su honor.

Espectáculos

En 2005 la compañía de danza Arrieritos crea un espectáculo homenaje a esas mujeres. El 2007 el espectáculo llamado «13 Rosas» es galardonado con dos Premios Max de las Artes Escénicas , Mejor coreografía y Mejor Espectáculo de Danza.

Filmografía

En 2004, Verónica Vigil y José María Almela produjeron y dirigieron el largometraje documental titulado «Que mi nombre no se borre de la historia» donde se analizan y narran los sucesos de las trece rosas contados en primera persona por sus compañeras de militancia. En 2006, Emilio Martínez Lázaro comenzó el rodaje de una película basada en el libro de Carlos López Fonseca protagonizada por Pilar López de Ayala, Verónica Sánchez y Nadia de Santiago, Trece Rosas. Su estreno tuvo lugar el 19 de octubre de 2007. Fue preseleccionada por la Academia del Cine española como posible candidata a los premios Oscar de Hollywood, sin conseguir ser finalmente la elegida para representar a España (fue El orfanato).

Homenajes

La Fundación Trece Rosas, La Fundación Domingo Malagón, el PCE así como diversas asociaciones de recuperación de la memoria histórica vienen participando cada 5 de agosto en un homenaje a las Trece Rosas, tiene lugar desde 1988, año en que se colocó la primera placa conmemorativa en la tapia del cementerio de la Almudena, en un lugar cercano a donde fueron fusiladas.

En 2005 se creó la Fundación Trece Rosas, con dirigentes históricos del PSOE y del PCE, hoy esta presidida por José Cepeda, con el objetivo de profundizar en la memoria histórica, la igualdad y la justicia social.

En verano de 2005 se publica la canción «Trece Rosas» del grupo de rock zaragozano «Vinos Chueca», dentro del disco «Gente que no sabe nada de la vida». La pieza cierra el disco y lleva letra de Fernando Bastos.

En mayo de 2006 se inauguró en Getafe la Fuente de las Trece Rosas. Está situada en la confluencia de las Avenidas de España y de Juan de Borbón. Está compuesta por trece grupos de chorros de agua. Cada uno de ellos cuenta con una escultura de acero que simboliza una vida truncada en la que está insertada una rosa y el nombre encastrado de cada una de las trece mujeres.

El 5 de agosto de 2009 se conmemoró el 70 Aniversario de su fusilamiento en el cementerio de la Almudena, donde se instaló una placa conmemorativa, donde por primera vez, tras 70 años de silencio aparecieron inscritos el nombre y el apellido de las Trece Rosas. Hoy dicha placa, junto a la recientemente restaurada instalada en 1988, ambas instaladas en la tapia del cementerio de la Almudena, configuran el tributo del Pueblo de Madrid a aquel asesinato.

El 3 de noviembre de 2009 el grupo de rock Barricada lanza su último trabajo llamado La tierra está sorda en homenaje a las víctimas del franquismo, en el cual dos canciones recuerdan a las Trece Rosas: «Hasta siempre, Tensi» y «Pétalos».

En 2011, el rapero español Nach lanza su canción Disparos de Silencio en la que homenajea a una gran multitud de gente, entre ellas las Trece Rosas.

Las Trece Rosas

Carmen Barrero Aguado (20 años, modista). Trabajaba desde los 12 años, tras la muerte de su padre, para ayudar a mantener a su familia, que contaba con 8 hermanos más, 4 menores que ella. Militante del PCE, tras la guerra, fue la responsable femenina del partido en Madrid. Fue detenida el 16 de mayo de 1939.

Martina Barroso García (24 años, modista). Al acabar la guerra empezó a participar en la organización de las JSU de Chamartín. Iba al abandonado frente de la Ciudad Universitaria a buscar armas y municiones (lo que estaba prohibido). Se conservan algunas de las cartas originales que escribió a su novio y a su familia desde la prisión.

Blanca Brisac Vázquez (29 años, pianista). La mayor de las trece. Tenía un hijo. No tenía ninguna militancia política. Era católica y votante de derechas. Fue detenida por relacionarse con un músico perteneciente al Partido Comunista. Escribió una carta a su hijo la madrugada del 5 de agosto de 1939, que le fue entregada por su familia (todos de derechas) 16 años después. La carta aún se conserva.

Pilar Bueno Ibáñez (27 años, modista). Al iniciarse la guerra se afilió al PCE y trabajó como voluntaria en las casas-cuna (donde se recogía a huérfanos y a hijos de milicianos que iban al frente). Fue nombrada secretaria de organización del radio Norte. Al acabar la guerra se encargó de la reorganización del PCE en ocho sectores de Madrid. Fue detenida el 16 de mayo de 1939.

Julia Conesa Conesa (19 años, modista). Nacida en Oviedo. Vivía en Madrid con su madre y sus dos hermanas. Se afilió a las JSU por las instalaciones deportivas que presentaban a finales de 1937 donde se ocupó de la monitorización de estas. Pronto se empleó como cobradora de tranvías, ya que su familia necesitaba dinero, y dejó el contacto con las JSU. Fue detenida en mayo de 1939 siendo denunciada por un compañero de su «novio». La detuvieron cosiendo en su casa.

Adelina García Casillas (19 años, activista). Militante de las JSU. Hija de un guardia civil. Le mandaron una carta a su casa afirmando que sólo querían hacerle un interrogatorio ordinario. Se presentó de manera voluntaria, pero no regresó a su casa. Ingresó en prisión el 18 de mayo de 1939.

Elena Gil Olaya (20 años, activista). Ingresó en las JSU en 1937. Al acabar la guerra comenzó a trabajar en el grupo de Chamartín.

Virtudes González García (18 años, modista). Amiga de María del Carmen Cuesta (15 años, perteneciente a las JSU y superviviente de la prisión de Ventas). En 1936 se afilió a las JSU, donde conoció a Vicente Ollero, que terminó siendo su novio. Fue detenida el 16 de mayo de 1939 denunciada por un compañero suyo bajo tortura.

Ana López Gallego (21 años, modista). Militante de las JSU. Fue secretaria del radio de Chamartín durante la Guerra. Su novio, que también era comunista, le propuso irse a Francia, pero ella decidió quedarse con sus tres hermanos menores en Madrid. Fue detenida el 16 de mayo, pero no fue llevada a la cárcel de Ventas hasta el 6 de junio. Se cuenta que no murió en la primera descarga y que preguntó «¿Es que a mí no me matan?».

Joaquina López Laffite (23 años, secretaria). En septiembre de 1936 se afilió a las JSU. Se le encomendó la secretaría femenina del Comité Provincial clandestino. Fue denunciada por Severino Rodríguez (número dos en las JSU). La detuvieron el 18 de abril de 1939 en su casa, junto a sus hermanos. La llevaron a un chalet. La acusaron de ser comunista, pero ignoraban el cargo que ostentaba. Joaquina reconoció su militancia durante la guerra, pero no la actual. No fue conducida a Ventas hasta el 3 de junio, a pesar de ser de las primeras detenidas.

Dionisia Manzanero Salas (20 años, modista). Se afilió al Partido Comunista en abril de 1938 después de que un obús matara a su hermana y a unos chicos que jugaban en un descampado. Al acabar la guerra fue el enlace entre los dirigentes comunistas en Madrid. Fue detenida el 16 de mayo de 1939.

Victoria Muñoz García (18 años, activista). Se afilió con 15 años a las JSU. Pertenecía al grupo de Chamartín. Era la hermana de Gregorio Muñoz, responsable militar del grupo del sector de Chamartin de la Rosa. Llegó a Ventas el 6 de junio de 1939.

Luisa Rodríguez de la Fuente (18 años, sastre). Entró en las JSU en 1937 sin ocupar ningún cargo. Le propusieron crear un grupo, pero no había convencido aun a nadie más que a su primo cuando la detuvieron. Reconoció su militancia durante la guerra, pero no la actual. En abril la trasladaron a Ventas, siendo la primera de las Trece Rosas en entrar en la prisión.

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