Internet y el Diseño del Individuo

Son muchos los debates entre defensores y detractores de Internet. Todos conocemos a alguien que está de un lado o del otro, gente que se posiciona en puntos extremos o intermedios, pero la red de redes no deja indiferente a nadie. Los que la critican, suelen adoptar una cierta actitud tradicionalista en la linea de “cualquier tiempo pasado fue mejor” en la que entienden el mundo virtual como un asesino de la cultura y de ciertos valores irrenunciables. Los defensores, hacen hincapié en que las posibilidades cognitivas y creativas se multiplican como nunca antes en la historia. Y bien, partiendo del hecho de que estoy usando esas posibilidades para difundir este artículo, me posiciono abiertamente en el “bando” de los defensores; pero iré más lejos. Hay mucho que decir en pro de la red de redes.

Victimas de Nuestras Circunstancias

Nadie elige nacer. Una vez en este mundo, no se eligen los padres, ni el resto de la familia, ni los vecinos; ni el país o la religión. Tampoco elegimos el colegio ni el lugar de veraneo, y los amigos que hacemos en la infancia proceden de esos contextos. Una vez llegada la adolescencia, podemos elegir pareja, pero al igual que con los amigos muchas veces las opciones son muy limitadas. Quizá al principio de curso no te gusta ese compañero de clase o llegado el verano no hay ningún chico interesante en el pueblo; pero ¿cuantos de nosotros hemos acabado sintiéndonos atraídos por esas personas al cabo de un tiempo cuando al principio no nos impactaron en absoluto? La explicación es muy sencilla. Cuantas menos opciones se tienen menos se tiene que pensar y mas se acaba actuando por inercia y mimetismo. Algo así como se hace lo que “se puede” y no lo que realmente “se quiere hacer”. Es un conformismo social al que tiende el ser humano, entre muchas razones, por miedo a sentirse rechazado por el grupo. Y con esta coreografía se continua creciendo y pasando por las diferentes etapas de la edad.

A pesar de las pocas opciones, nos acabamos enamorando y apreciando a la gente; eso es indiscutible. Y si lo miramos desde el punto de vista animal, con interaccionar con otro individuo es más que suficiente, no necesitamos buscar demasiado para hacer amigos o encontrar una pareja sexual. Pero si nos pensamos como seres humanos, como individuos, la cosa cambia. Al contrario de los animales, las personas estamos influenciadas por multitud de detalles desde que nacemos y lo que precisamente nos hace humanos es la posibilidad de elegir. Y no solo tenemos “la posibilidad” sino que realmente el elegir para el ser humano es una necesidad, o en palabras de Sartre, una condena.

Ante la dificultad de la elección, que se nos diga lo que tenemos que hacer resulta muchas veces reconfortante. Si la libertad es una condena para muchos entonces la ley y el dictado pueden resultar cómodos, y sobre todo, al acatar una orden no ejercemos nuestra responsabilidad así que si algo sale mal, la culpa es del otro. Nos encontraríamos ante “la ley del débil”: alguien que se queja de ser una victima pero en realidad no quiere dejar de serlo pues le resulta muy cómodo. Y quizá se trate de una victima real, de quien alguien este sacando provecho, pero aun así, la victima no hace nada por cambiar, dejando entrever un tinte masoquista que tenemos todos los humanos.

La Ironía del Mando a Distancia

En el siglo XX, primero la radio y más tarde el televisor congregaron a toda la familia en el salón, entretenidos con un programa a una cierta hora. En los casos de familias grandes, esta actividad requiere un cierto nivel de tolerancia, ya que algunos hablan, pueden molestar y no siempre todos quieren ver lo mismo. Y de nuevo nos encontramos con las opciones. Como pasaba con los amigos del colegio, la programación televisiva puede no ser variada, repitiendo las mismas películas una y otra vez, y aunque si que es cierto que hay muchos canales -al contrario de lo que ocurría en los años 80 cuando solo había dos- en realidad la oferta es relativa; los tipos de programas siguen modas de audiencia, los canales se copian unos a otros y los informativos son parciales e ineficientes. Otro punto negativo de la televisión es la publicidad. A pesar de que es un clásico aprovechar estos momentos para ir al baño, en la mayoría de las ocasiones resulta insufrible. Pero si hay algo que define la televisión y en este sentido también la radio, es que ambas tienen un horario de programación al que uno se ha de adaptar. Así que, irónicamente, el mando a distancia no nos hace que “mandemos” en lo que queremos ver sino todo lo contrario; nos hace ir saltando de canal en canal sin un rumbo fijo, o en todo caso, el rumbo que los directivos de la comunicación quieren que tomemos.

Internet y el Diseño del Individuo

Al contrario de lo que ocurre con la televisión, en la que somos seres prácticamente pasivos, Internet nos obliga constantemente a tomar decisiones y afrontar responsabilidades. Es cierto que es un mundo virtual, pero el hecho de que este diseñado para uso individual desarrolla la creatividad y la idea de “mundo propio”. Ya no tenemos que compartir el sofá para ver la película del domingo, sino que nosotros decidimos cómo y cuando hacemos qué cosa. Desde un punto de vista científico, Internet tiene grandes aspectos positivos. Un equipo de investigadores descubrió que las búsquedas en la red estimulan centros del cerebro que controlan la toma de decisiones y los razonamientos complejos. Esto ayudaría en especial a personas de edad avanzada a mantener el cerebro activo y combatir enfermedades como el Alzheimer.

Pero el punto que observo mas interesante de Internet, es la posibilidad de diseñarse a uno mismo. Elegimos nuestra imagen de perfil, sea real o ficticia, pero debemos decidir que cara mostrar. Lo mismo con nuestro nombre. También podemos elegir contactos, que quizá ya sean conocidos, pero pueden no serlo y convertirse en amigos algún día. Mucha era la incredulidad sobre hacer amigos en Internet al principio, pero nadie puede negar esa fantástica posibilidad hoy en día, ya que no solo amigos sino parejas y matrimonios se forjan cada día en la red. ¿Y que ocurre en la actualidad con los adolescentes? Internet ayuda a los jóvenes a relacionarse con el mundo que les rodea de una manera selectiva, eficiente, sin las presiones del “directo”. Hace 20 años, cuando teníamos una cita adolescente, nos distraíamos con pequeños detalles y nos bloqueábamos por la vergüenza y la inseguridad. Muchos de nosotros nos hemos dejado llevar haciendo o diciendo cosas que realmente no estaban en nuestros planes, pero las circunstancias nos sometían a sus caprichos. En una de las citas de antes, era muy difícil darse a conocer a la otra persona, ya que la timidez o tensión no nos permitía sacar lo mejor de nosotros. Por otro lado la cita ideal se desarrollaba en un lugar que costaba dinero, como el cine, el pub o la heladería. El adolescente de hoy puede disfrutar de la opción de chatear o intercambiar mails o mensajes para conocerse mejor, y hacerlo cómodamente sentado frente al ordenador, en pijama, a cualquier hora, y con el único gasto de la cuota mensual de Internet, que comparado con el cine o el alcohol, es muchísimo más barato.

Redes sociales del tipo Facebook y Twitter nos ofrecen un universo inabarcable de posibilidades sociales, creativas y didácticas. Desde tener acceso a todo tipo de información, pasando por compartir hobbies, intereses o negocios, hasta poder hacer amigos de cualquier nacionalidad. Y todo eso, a cualquier hora, cuando a uno le de la gana, a solas, sin dar ninguna explicación, y pausando la película o la canción cuando queramos, y sin anuncios (si, los hay, pero no son tan molestos como los de la televisión y se pueden bloquear). Y qué decir de las movilizaciones sociales via Internet. Cuánto le debemos a la red las personas que perseguimos una revolución, y que vemos sus pequeños frutos gracias al poder de convocatoria de Facebook y similares. Y qué importante se vuelven estos sitios sociales cuando se convierten en herra-mientas democráticas e incluso los políticos las temen.

El problema de Internet es que se use mal, o se desaproveche. En este sentido no se debería nunca infravalorar sus posibilidades sino convencer de sus beneficios, involucrando a la gente en actividades culturales o motivacionales. Los blogs o sitios web personales o de grupos y organizaciones son un ejemplo admirable del buen uso de Internet. Y todo lo que impulse al ser humano a ser más humano y más individuo, expandiendo sus fronteras hasta disolverlas y creando esferas de libertad, es bueno y recomendable.

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